Para abordar la cuestión de Israel con la profundidad que merece, es imperativo alejarse de las consignas emocionales y los juicios sumarísimos. Como bien señala la perspectiva geopolítica, cualquier persona que crea tener la solución definitiva al conflicto está, por definición, equivocada, pues ignora la densidad de matices y las "legitimidades cruzadas" que definen la región. Una defensa sólida de Israel no nace del apasionamiento, sino del análisis de datos históricos a menudo omitidos y de una comprensión del Estado como un mal menor frente a alternativas de aniquilación total.
1. La Deconstrucción del Relato de la "Ocupación" en Gaza
Uno de los pilares de la crítica anti-israelí es la noción de que Israel mantiene una opresión constante y directa sobre el territorio de Gaza. Sin embargo, los hechos demuestran lo contrario: Gaza no estaba ocupada militarmente por Israel desde 2005. En un movimiento que el maestro Garín califica de "maquiavélico" pero revelador, el entonces primer ministro Ariel Sharon retiró cada soldado y colono de la franja como una "prueba" de autogobierno palestino.
La tragedia de Gaza no es fruto de la presencia israelí, sino de las decisiones internas de los palestinos, quienes tras la retirada israelí se sumieron en una guerra civil en 2006-2007 entre las facciones de Al-Fatah y Hamás. El triunfo de Hamás, un grupo integrista que utiliza el terrorismo de forma sistemática, transformó un territorio con potencial de desarrollo en una base de agresiones constantes.´
Incluso bajo el gobierno de Hamás, la realidad económica previa al 7 de octubre de 2023 desmiente la idea de una "cárcel al aire libre" causada exclusivamente por Israel: decenas de miles de gazatíes cruzaban diariamente a trabajar en Israel, mientras que Egipto, un país hermano en religión y lengua, mantenía su frontera con Gaza (paso de Rafah) estrictamente cerrada.
2. El Rechazo Histórico a la Paz: El Caso de Camp David II
Un argumento central en la defensa de la legitimidad israelí es su disposición histórica a la paz, contrastada con el maximalismo palestino. En el año 2000, durante las negociaciones de Camp David II, Israel (bajo Ehud Barak) ofreció una propuesta que hoy parece impensable: la devolución del 97% del territorio reclamado por los palestinos y el establecimiento de Jerusalén Este como capital de un nuevo Estado palestino.
¿Por qué no existe hoy un Estado palestino? No por intransigencia israelí, sino porque Yasser Arafat rechazó el acuerdo. El liderazgo palestino ha demostrado ser incapaz de aceptar soluciones de convivencia por miedo a las represalias de sus propios sectores radicales, como Hamás, cuyo objetivo no es la creación de un Estado, sino la desaparición total de Israel. Como se ha visto históricamente, el riesgo para un líder que busca la paz en la región es la muerte a manos de sus propios extremistas.
3. Legitimidad Comparada y el Doble Raso de 1947
A menudo se cuestiona el origen de Israel en 1947 como un "invento" artificial de las Naciones Unidas. Sin embargo, bajo este criterio, se tendría que cuestionar la existencia de prácticamente todos sus vecinos: Jordania nació en 1946, Siria y el Líbano en 1943. Todos fueron mandatos coloniales que se transformaron en Estados modernos en la misma década. Si Israel es ilegítimo por ser un "invento" de 1947, también lo son las fronteras de todo el Levante.
Asimismo, el desplazamiento de poblaciones en 1947 no fue un fenómeno exclusivo de Palestina. En ese mismo año:
- En la división de India y Pakistán, 14 millones de personas fueron desplazadas forzosamente.
- En la nueva frontera entre Alemania y Polonia, 4 millones de alemanes fueron expulsados de tierras donde vivieron por siglos.
En ninguno de estos casos la comunidad internacional exige hoy, cuatro generaciones después, el desmantelamiento de esos Estados o el "derecho al retorno" masivo de los descendientes de los desplazados. Exigirle a Israel lo que no se le exige a India, Pakistán, Polonia o Alemania constituye un doble estándar intelectualmente insostenible.
4. El Éxodo Olvidado: 800,000 Judíos Expulsados
La defensa de Israel también debe recordar que el conflicto generó dos oleadas de refugiados, no solo una. Mientras 800,000 palestinos abandonaron sus tierras, 800,000 judíos fueron expulsados de países árabes (Yemen, Marruecos, Siria, Egipto) donde sus antepasados habían vivido por milenios.
Israel absorbió a estos refugiados judíos, integrándolos en su sociedad, mientras que los países árabes vecinos (con raras excepciones) han mantenido a los palestinos en campos de refugiados durante décadas, utilizándolos como un arma política permanente contra el Estado judío.
5. Israel como Escudo frente a la Geopolítica Irání
Desde una perspectiva geopolítica actual, Israel no es el agresor, sino el objetivo de una estrategia mayor de desestabilización. El ataque del 7 de octubre no fue un acto de "liberación", sino una maniobra financiada por Irán para impedir que Arabia Saudita firmara la paz con Israel. Irán necesitaba presentar a Israel como un actor violento para romper los "Acuerdos de Abraham" y evitar que Arabia Saudita se consolidara como el líder hegemónico de Oriente Próximo. Israel, en este sentido, está luchando por su supervivencia frente a "proxies" (Hamás, Hezbolá) que no buscan la justicia para el pueblo palestino, sino los intereses de potencias extranjeras.
6. Reflexión Teológica-Libertaria: El Estado y el Mercado
Desde la visión del maestro Huerta de Soto, todo Estado es una "banda de ladrones" y una encarnación de la coacción. Bajo esta luz, el Estado de Israel, como toda entidad política, es imperfecto y propenso a la inmoralidad del poder. Sin embargo, el análisis libertario también reconoce que es el mercado y la cooperación voluntaria lo que dulcifica las costumbres y genera paz.
Israel ha demostrado ser, dentro de la región, el entorno donde el orden espontáneo del mercado y la libertad de empresa han florecido con mayor fuerza frente a los regímenes totalitarios o teocráticos vecinos. Mientras que en los territorios controlados por grupos terroristas el interés individual es suprimido violentamente por un sistema opresivo, en Israel —pese a sus fallas estatales— existe una cadena de solidaridad productiva que permite la convivencia.
Conclusión
La defensa de Israel se sostiene sobre la aceptación de que la legitimidad de 1947 es ya inapelable tras cuatro generaciones de existencia. Desmantelar Israel no solo sería una imposibilidad logística, sino una injusticia histórica que ignoraría el desplazamiento de 800,000 judíos de tierras árabes y el rechazo sistemático de los líderes palestinos a todas las ofertas de paz generosas.
Israel es, en última instancia, una nación que ha intentado integrarse en la economía global y el orden espontáneo, enfrentándose a enemigos maximalistas que prefieren el conflicto perpetuo a la aceptación del "otro". Defender a Israel es defender la posibilidad de un diálogo basado en la realidad presente, y no en utopías históricas que solo prometen más sangre y destrucción.